El nacimiento de un hijo siempre es un acontecimiento que genera muchas expectativas en toda la familia. La futura mamá siente la presencia de su hijo desde muy temprano en el embarazo, a través de los síntomas que le anuncian al nuevo ser en gestación. A lo largo del embarazo ella va sintiendo los cambios, el crecimiento de la panza, los movimientos del bebé, esa "compañía" permanente que hace que nunca se sienta sola. Ella está "distinta" en muchos sentidos.

Para el futuro papá las cosas son un poco diferentes, ya que aunque él acompañe los cambios de su mujer, nunca va a sentir lo que ella siente, por lo que su futuro hijo es en realidad un ser al que podrá acercarse y conectarse, pero sólo en parte. El momento del nacimiento será de gran expectativa para este papá, y realmente cuando lo pueda ver, sentir, tocar, mirarlo, hablarle, se transformará para él en alguien más "real". Hoy, a diferencia de otro momento en el pasado, se espera que el futuro papá juegue un rol mucho más protagónico respecto de su hijo, que asista a las reuniones de pre parto, que participe en el parto, que cambie los pañales, etc... Y si bien es cierto que los papás de hoy están genuinamente más cerca de todo el proceso de gestación y parto, a veces se transforma en un exigencia, más que en algo placentero.

Es importante permitir que cada papá vaya construyendo la relación con su hijo de la manera que quiera, dándole la libertad y el lugar para que pueda ensayar distintos modos de estar con su hijo, tomándose todo el tiempo para ir encontrando "su" particular manera de ejercer la paternidad.
Decimos que queremos mucho a nuestros hijos, antes de que nazcan los esperamos con muchas ganas, preparamos miles de detalles para recibirlos con bombos y platillos. Pero más de una vez vemos viajar bebés en las piernas de las mamás sin ninguna protección especial: el bebé sin sillita y la mamá sin cinturón.
  Cada cual con su sillita. ¿Para qué? Para salvarles la vida en caso de accidentes. Cuando mamá, papá y el bebé viajan en el auto, aunque no lo sientan, están desplazándose a la misma velocidad que el vehículo y al unísono con él. En caso de una detención brusca todo lo que no se encuentre atado dentro del auto seguirá su viaje hacia adelante y sólo se detendrá cuando choque contra algo (puede ser la parte delantera del coche, el parabrisas, el asfalto, etc.).
¿Qué sucede en un choque, supongamos a 50 km/h?. El auto frena contra un obstáculo. Y los cuerpos de los ocupantes del vehículo siguen moviéndose hacia adelante a la velocidad que el auto traía hasta ese momento impulsados por una fuerza que equivale a cuatrocientas veces el peso de cada persona desplegada en la aceleración brusca. Si no están atados, golpearán contra la parte de adelante del automóvil y el parabrisas, mientras que los ocupantes de los asientos traseros serán impulsados también con igual fuerza hacia adelante. Golpearán a los ocupantes delanteros y con la parte frontal del vehículo. Eventualmente todos pueden ser despedidos fuera del auto, aumentando seis veces las posibilidades de morir al impactar contra el suelo.
Por eso es importantísimo que niños mayores y adultos viajen con los cinturones de seguridad ajustados y que los niños más pequeños lo hagan sujetos a sillas especiales que se fijan al asiento con el cinturón de seguridad del vehículo. Los niños, por su estatura y estructura ósea, no alcanzan a ser protegidos adecuadamente sólo con el cinturón de seguridad.